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Pillos, asesinos y narcos en medio siglo

Esta es la historia reciente de la delincuencia en Ecuador. La cuenta el editor que llevó a diario EXTRA a la cúspide de la circulación

Máximo García Pinoargote, especial para Guayaquil News

Hace cincuenta años, el Ecuador era gobernado por la dictadura militar. Mientras la mano de hierro de policías y militares se imponía en el país, la mente criminal de unos pocos se hacía notar y la prensa, incipiente en crónica roja, los empezaba a mencionar.
Nombres como Macario Briones en Manabí, Chico Silencio en Guayaquil, Chico Panamá, asaltantes sin piedad, iban ganando mala fama hasta ser considerados un peligro para la sociedad.

Peligrosos en los noventa

A principios de los años noventa, fueron peligrosos también La Rana del Empalme, quien sembró el terror en Portoviejo y Manta; Reinaldo Zamora y el “Patucho” Rigoberto Castro, de Guayaquil; Gilberto Chamba de Machala; y Juan Fernando Hermosa (el niño del terror) en Quito, entre otros menos conocidos. La mayoría murió en su ley.
Dos mujeres en Guayaquil y una de Quito saltaron también a las portadas de los periódicos sensacionalistas: La Chanita en Guayaquil, encarcelada por narcotráfico, la Mama Lucha en Quito por dirigir una banda familiar de extorsiones a comerciantes en los mercados del sur, y en Guayaquil también surgió la famosa “Colorada”, asaltante por excelencia.

Droga de Colombia


Fue en los años 90 cuando las drogas que se elaboraban en laboratorios colombianos entraron al por mayor al Ecuador y también aparecieron las disputas callejeras por dominio de territorio entre pandillas que eran reclutadas para el microtráfico de esas sustancias ilícitas, un negocio que ganaba adeptos muy rápidamente.
En Quito y Guayaquil, Latin Kings, Ñetas y Másters de la Calle mapearon las ciudades bajo sus reglas.
Narcotraficantes ecuatorianos y colombianos fueron huéspedes en las cárceles del país y las autoridades no podían evitar que desde las rejas naciera una nueva organización.
Mientras el tiempo avanzaba, se conformaban también las primeras bandas de delincuentes con mayor sagacidad.
En Manabí se forma la banda de los Choneros comandada por Jorge Véliz España alias Teniente España y al mismo tiempo surge en Manta la banda de Los Queseros liderada por Carlos Cedeño Vera, dos grupos enfrentados que empezaron a causar terror en la provincia.
Mientras tanto en Guayaquil y la provincia de Los Ríos la delincuencia común aumentaba, incrementando también la acción policial que juntaba en la Penitenciaría del Litoral a las mentes criminales más peligrosas del momento.
Asaltantes, asesinos, narcotraficantes y delincuentes comunes juntaron sus mentes criminales dentro de la mayor cárcel del Ecuador para dirigir desde el interior, golpes que eran ejecutados con precisión.
José Luis Noboa, una de las mentes criminales más inteligentes, le servía a Edgar Raúl Sisa Paez, narcotraficante del cartel de Cali que cumplía condena en Guayaquil y usaba una centena de teléfonos celulares que les servía para dirigir desde la cárcel una serie de operaciones delictivas.

El grupo Tanque


Afuera, en las calles, en ese mismo tiempo, se juntaron delincuentes de varias bandas para formar el grupo Tanque, que eran expertos en asaltos grandes a blindados con valijas bancarias, casas comerciales, viviendas de ricos, asalto de vehículos, etc.
Se le atribuye también al grupo Tanque un secuestro muy sonado en el Ecuador que retuvo por seis meses a un dirigente deportivo y, tras su liberación, un grupo élite de la policía en Guayaquil, dio un duro golpe que se ejecutó en una farmacia del norte de la ciudad. Algunos inocentes pagaron con su vida, pero el objetivo eran miembros del grupo tanque, desarticulado a partir de esa ocasión.
Cada grupo que estuvo asociado se replegó y por cuenta propia, empezaron a ser noticia de crónica roja. Los Choneros sobresalieron por el terror en campos y ciudades. Nombres de bandas delictivas surgieron por todo el país.
La política también jugó un papel importante y para mantener el control fuera de las cárceles, se les dio privilegios a los capos de los grupos más peligrosos. El manejo de compra-venta dentro de la Penitenciaría, benefició a los Choneros y eran amos de varios pabellones que les generaba un promedio de 100.000 dólares mensuales.

Tabla de umbrales


En el año 2013 se aprueba la primera tabla oficial de umbrales para diferenciar a las personas entre consumidores y traficantes de droga, generando una población de consumidores que se multiplicó de manera alarmante.
Un año después, una encuesta académica del año 2014 arrojaba una cifra jamás imaginada. En las aulas de colegios fiscales, el 60% de estudiantes de los tres últimos años de bachillerato, habrían admitían que eran consumidores de droga.
A partir de entonces, las drogas y la sangre pasaron a ser elementos más fuertes de una misma fórmula que durante los últimos cinco años, han ubicado al Ecuador entre los países más inseguros del mundo. Las organizaciones narcotraficantes del Ecuador pasaron a ser brazos y piernas de cárteles mexicanos como Sinaloa, asociado a los Choneros; Jalisco Nueva Generación, vinculado a Los Lobos; y, los colombianos, asociados a otros GDOs, un monstruo de cien cabezas que el actual gobierno hace esfuerzos por decapitar y por cada golpe al narco, aparecen 10 nuevos cabecillas. Ecuador vivió varias matanzas en las cárceles, vive a diario el sicariato sin control en las calles, extorsiones y asaltos en todas las provincias, que devienen de las decisiones políticas pasadas y que hoy nos mantienen a merced de los Grupos Delictivos Organizados, una denominación que les da poder ante una sociedad indefensa. Les molesta que les llamen una banda más.

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Tags: , , , , , , Last modified: octubre 16, 2026
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